Idioma: Español (España)

La gran carrera del pijama

Ilustración del cuento «La gran carrera del pijama»: Cuquín y Cleo en pijama

Plaf, plaf, plaf.

Ese era el ruido de unos pies mojados corriendo por el cuarto.

Y detrás de los pies mojados iba Cleo, con una toalla en la mano:

—¡Cuquín! ¡Vuelve aquí! ¡Estás sin ropa!

Porque eso pasaba todas las noches. Cuquín salía del baño limpio, calentito, oliendo a jabón… y en cuanto veía el pijama, ¡fiuuu!, salía disparado. Sin pijama. Sin nada de nada. Solo con Ramona.

Pasó corriendo junto a Maripí, que se tapó la cara:

—¡Mis ojos!

Pasó junto a Teté, que ni levantó la vista del libro:

—Técnicamente, Cuquín corre más rápido sin ropa. Hay menos resistencia del aire.

Pasó por debajo de la cama elástica, dio dos vueltas al tipi y se escondió… detrás de Tomate. Que era mucho más chiquito que él.

—Te estoy viendo, Cuquín —suspiró Cleo.

Cuquín se tapó los ojos con las manos. Si él no veía a nadie, nadie lo veía a él.

Cleo se sentó en el suelo. Estaba cansadísima de correr. Y entonces se le encendió la cara.

—¡Claro, eso es! Si a Cuquín le gusta correr… ¡Rápido, Mochipanda! Silbato, cronómetro y medalla. ¡Damas y caballeros, empieza la Gran Carrera del Pijama!

Cuquín se asomó por detrás de Tomate.

—¿’Rrera?

—Carrera. Pero aquí gana quien se pone el pijama más rápido. ¿Listo? En sus marcas… listos… ¡fuera!

Y Cleo empezó a narrar, como en la tele:

—¡Cuquín toma la salida! ¡Pierna derecha adentro! ¡El público enloquece!

Los hermanos aplaudían desde sus camas.

—¡Pierna izquierda! ¡Increíble! ¡Nunca se había visto algo así en la historia del pijama!

—¡Ahora los brazos! ¡Uno! ¡Dos! ¡Y la cabeza… la cabeza… ¿dónde está la cabeza?!

Cuquín había metido la cabeza por una manga.

—¡Ahí está! ¡Sale por el cuello! ¡Y los botones! ¡Uno, dos, tres!

Cleo tocó el silbato.

—¡Pijama puesto! ¡Nuevo récord mundial!

Cuquín levantó los brazos. Teté le colgó la medalla. Tomate ladró. Y Maripí, por fin, abrió los ojos.

—Y ahora —dijo Cleo, bajando la voz— viene la vuelta de honor. Pero la vuelta de honor del pijama se hace muuuy despacio.

Y el campeón, con su medalla, caminó despacito hasta el baño. Se lavó los dientes despacito: arriba y abajo, arriba y abajo. Caminó despacito hasta su cuna. Se metió despacito. Se tapó despacito.

—El campeón se retira a descansar —susurró Cleo, como una locutora cuando ya se apagan las luces del estadio.

Cuquín abrazó a Ramona. Olía a jabón. Tenía el pijama al revés, pero puesto.

—Mañana… ’tra carrera —murmuró.

—Mañana, otra carrera —dijo Cleo.

Y el campeón mundial del pijama se quedó dormido.

Buenas noches.