Idioma: Español (España)

El bostezo viajero

Ilustración del cuento «El bostezo viajero»: Cleo y Cuquín en pijama

—¡Juegar! —dijo Cuquín, saltando en la cama elástica—. ¡Un ratito más!

Boing. Boing. Boing.

Ya habían cantado la canción de ir a la cama. Ya se habían lavado los dientes. Todos tenían el pijama puesto. Todos estaban en su cama. Todos menos uno.

—Cuquín, ya es de noche —dijo Cleo.

—¡Un ratito más!

Cleo se puso las manos en la cintura. Cuquín se puso las manos en la cintura. Cleo frunció el ceño. Cuquín lo frunció todavía más.

Y entonces a Cleo se le encendió la cara.

—¡Claro, eso es! ¡Rápido, Mochipanda! Antifaz, almohada y medalla. ¡Gran Campeonato de Bostezos! Gana el bostezo más grande del mundo.

Cuquín dejó de saltar. Abrió la boca todo, todo, todo lo que pudo… y le salió un bostezo de verdad.

Aaaah.

Y ese bostezo, que era un bostezo viajero, salió volando.

Voló hasta Colitas: aaaaah. Y Colitas se lo pasó a Tentáculos, por si acaso.

Voló hasta Maripí, que bostezó tapándose la boca, como una reina.

—Perdón. Las estrellas también se cansan.

Voló hasta Pelusín, que bostezó tan largo que se le cayó el crayón.

Y llegó hasta Teté.

—Está científicamente comprobado que los bostezos se contagian —explicó, subiéndose los lentes—. Pero yo soy muy fuerte y no voy a… a… aaaaaaaah.

Y después aclaró:

—Fue un experimento.

El bostezo bajó la escalera. Llegó hasta Tomate, que bostezó con un aaauuu casi de lobo. Y hasta Fantasma, que bostezó tan chiquito que casi no se vio.

Entonces dio media vuelta, buscando a alguien que todavía no hubiera bostezado… y encontró a Cleo.

—No, no, no. Yo soy la jueza. Las juezas no bost… bost… aaaaaaaaaaah.

Fue el bostezo más grande de la noche.

Cleo fue a darle la medalla a Cuquín. Lo encontró en su cuna, abrazado a Ramona, con los ojos medio cerrados.

—La medalla es para ti. Tú empezaste el campeonato.

Cuquín se la puso sobre la panza, como un tesoro.

—’Acias… ¿Mañana… juegar?

—Mañana jugamos todo el día —susurró Cleo, y le dio un beso en la frente—. Mañana, y pasado, y el otro.

Cuquín sonrió. Y bostezó una última vez, chiquitito, como un ratón.

Por todo el cuarto se oían respiraciones tranquilas. La de Teté, abrazado a Dino. La de Colitas, abrazada a Tentáculos. La de Maripí, que soñaba con aplausos. La de Pelusín, que soñaba con cohetes. Y, desde abajo, el ronquido suave de Tomate.

Cleo se acurrucó en su cama.

—Y lo mejor —susurró— es que ya sé qué quiero ser de grande…

Cerró los ojos.

—…dormilona.

Y el bostezo viajero, cansado de tanto viajar, también se quedó dormido.

Buenas noches.