Idioma: Español (España)

El juego del silencio

Ilustración del cuento «El juego del silencio»: todos los hermanos en pijama

La luz ya estaba apagada. Pero en el cuarto nadie tenía sueño.

Se oían risitas, susurros y el boing, boing de alguien que saltaba en la cama elástica.

—¡Claro, eso es! —susurró Cleo—. ¡Rápido, Mochipanda! —Y sacó una medalla—. Vamos a jugar al juego del silencio. Gana quien aguante más callado. El primero que haga un ruido… pierde.

—¿Y qué gana el que gane? —preguntó Maripí.

—Esta medalla.

Maripí se puso muy seria. Le encantaban las medallas.

—Preparados… listos… ¡shhh!

Silencio. Un silencio grande, redondo, de esos que se oyen.

Uno… dos… tres…

—¡Hip!

Era Cuquín. Tenía hipo.

Todos se taparon la boca para no reírse. Pero Colitas no pudo:

—¡Jijiji!

—¡Perdió Colitas! —dijo Teté.

—¡Perdió Teté por decirlo! —dijo Pelusín.

—¡Y Pelusín por decir que perdió Teté! —dijo Maripí.

—Y Maripí… —empezó Cleo. Y se calló justo a tiempo.

—¡Shhh! ¡Otra vez! Preparados… listos… ¡shhh!

Uno… dos… tres… cuatro…

Grrrr… fiuuuu.

Era Tomate, roncando en su banco.

—¡Tomate no cuenta! —protestó Pelusín.

—¡Perdió Pelusín!

—¡Shhh! ¡Otra vez!

Uno… dos… tres… cuatro… cinco…

Grrruuuuu.

Todos miraron a Maripí.

—No fui yo —dijo Maripí—. Fue mi barriga. Y mi barriga no está jugando.

—¡Shhh! ¡Otra vez!

Uno… dos… tres… cuatro… cinco… seis…

¡Pfffrrrt!

Cuquín había hecho una trompetilla. Con la boca. Bueno, eso dijo él.

Esta vez nadie pudo aguantarse. Se rieron tanto que a Teté se le empañaron los lentes y a Colitas se le cayó Tentáculos al suelo.

Cleo esperó a que se les pasara la risa. Y entonces habló muy bajito, casi sin voz:

—Última vez. La de verdad. Preparados… listos… shhh.

Uno…

Dos…

Tres…

Esta vez nadie hizo ruido. Ni el hipo, ni la barriga, ni la trompetilla.

Cuatro…

Cinco…

Solo se oía la respiración de todos. Cada vez más lenta. Más lenta. Más lenta.

Seis…

Siete…

Cleo seguía contando por dentro, con los ojos muy abiertos, esperando a ver quién perdía.

Ocho…

Nueve…

Diez.

Nadie.

—¡Gané! —susurró Cleo—. ¡Gané yo!

Pero nadie le contestó.

Teté dormía abrazado a Dino. Maripí dormía con la boca abierta, muy poco artística. Pelusín dormía de lado. Colitas dormía sin Tentáculos, que seguía en el suelo. Y Cuquín dormía con Ramona sobre la panza, subiendo y bajando, subiendo y bajando.

Cleo se colgó la medalla. No la vio nadie.

Bueno, casi nadie. Tomate abrió un ojo, movió la cola una vez —tac— y volvió a cerrarlo.

Cleo sonrió. Era la primera vez que ganaba algo y no tenía ganas de gritarlo.

Así que no lo gritó.

Se acurrucó, cerró los ojos y se unió al silencio.

Buenas noches.