Idioma: Español (España)

La señal secreta

Ilustración del cuento «La señal secreta»: Cuquín y Cleo en pijama

—Cleo —dijo Cuquín desde su cuna, cuando ya todo estaba oscuro—. ¿Y si me despierto?

—Pues te vuelves a dormir.

—¿Y si me despierto… y todos duermen?

Cleo se asomó desde arriba. Cuquín la miraba con los ojos muy abiertos y Ramona apretada contra el pecho.

Cleo se acordó de que a ella también le pasaba cuando era más chiquita: despertarse en medio de la noche y sentir que el mundo entero se había ido a dormir sin ella.

—¡Claro, eso es! —susurró—. Necesitamos una señal secreta.

—¿’Eñal?

—Una señal para la noche. Escucha bien. Si te despiertas y quieres saber si estoy aquí, aprietas a Ramona una vez.

Cuquín apretó a Ramona.

¡Piii!

—Eso quiere decir: «¿Estás ahí?». Y yo te contesto así.

Cleo dio tres golpecitos suaves en la barandilla de su cama.

Toc. Toc. Toc.

—Eso quiere decir: «A-quí-es-toy».

Cuquín abrió mucho los ojos. Era la mejor señal del mundo.

—¡Otra vez!

¡Piii!

Toc. Toc. Toc.

—¡Otra vez!

¡Piii!

Toc. Toc. Toc.

—Cuquín —se rio Cleo—, la señal es para cuando te despiertes. No para no dormirte.

Cuquín se acurrucó con Ramona. Y se durmió.

Pero en medio de la noche, cuando la luna ya estaba muy alta, Cuquín se despertó.

Todo estaba oscuro. Todo estaba quieto. No se oía nada de nada.

Cuquín sintió ese frío chiquito que da estar despierto cuando todos duermen. Abrazó a Ramona. Y apretó.

¡Piii!

Silencio.

Cuquín esperó. El corazón le hacía pum, pum, pum.

Y entonces, desde arriba, muy suave:

Toc. Toc. Toc.

Cuquín sonrió en la oscuridad.

Pero eso no fue todo. Desde la cama de Teté, alguien medio dormido dio tres golpecitos en la pared: toc, toc, toc. Desde la cama de Maripí: toc, toc, toc. Desde la de Pelusín: toc, toc, toc. Y Colitas, que no sabía muy bien de qué se trataba pero no se lo quería perder: toc, toc, toc, toc, toc.

Y desde abajo, en su banco, Tomate golpeó la madera con la cola: tac, tac, tac.

Todos estaban ahí.

Cuquín se dio la vuelta y cerró los ojos. La noche seguía igual de oscura y de quieta. Pero ahora sabía que estaba llena de gente que lo quería.

Y que bastaba un ¡piii! para oírla.

Buenas noches.