Idioma: Español (España)

Maripí y la función de las buenas noches

Ilustración del cuento «Maripí y la función de las buenas noches»: Maripí en pijama

Mañana era el gran día: la obra de teatro de la escuela. Y Maripí era la protagonista.

Por eso estaba de pie sobre su cama, con una toalla atada al cuello como capa de reina.

—¡Damas y caballeros! —anunció a su público: Tomate, que bostezó.

—Maripí —dijo Cleo—, ya es hora de dormir.

—¡No puedo! Tengo el cuerpo lleno de saltos. Y la panza llena de mariposas. ¿Y si mañana se me olvida todo? ¿Y si me tropiezo? ¿Y si se me despeina el peinado?

Cleo bajó de su cama y se sentó a su lado.

—Oye… ¿sabes quién tiene mariposas en la panza antes de salir al escenario?

—¿Quién?

—Las grandes artistas. Todas.

Maripí se quedó quieta un segundo. Eso le gustó.

—¡Claro, eso es! —dijo Cleo—. ¡Rápido, Mochipanda! Telón, foco y boletos. Esta noche hacemos la función de las buenas noches. Y gana quien lo haga todo más despacio.

—¿Más despacio que nadie? Eso lo hago yo. Soy una profesional.

Los hermanos se sentaron en sus camas, como el público. Teté con Dino. Colitas con Tentáculos. Cuquín con Ramona.

—Primer acto —susurró Cleo—: la estrella que se apaga.

Maripí levantó los brazos muy alto, brillante como una estrella. Y los fue bajando poco a poco, poco a poco, hasta la sábana.

—Segundo acto: el globo que se desinfla.

Maripí tomó aire por la nariz hasta tener la panza redonda como un globo. Y lo soltó despacito: fffffff.

Cuquín sopló tan fuerte que Ramona salió volando y aterrizó en la cabeza de Teté. ¡Piii!

—Eso no estaba en el guion —dijo Teté.

Con cada globo, las mariposas de Maripí volaban un poquito más lento. Y un poquito más lento.

—Último acto —dijo Cleo, casi sin voz—: el telón que se cierra.

Maripí cerró los ojos despacio. Primero un poquito. Después otro poquito. Hasta que sus pestañas se juntaron, como un telón al final de la obra.

—Bravo —susurró Pelusín.

—’Avo —susurró Cuquín, que ya casi no podía con los ojos.

Cleo le quitó la capa de toalla y la dobló sobre la silla, lista para mañana.

—Vas a estar genial.

—Lo sé —murmuró Maripí, medio dormida—. Pero ahora descanso. Es por el cutis.

Maripí ya no tenía el cuerpo lleno de saltos. Lo tenía blandito, como una almohada. Las mariposas seguían ahí, pero ahora también dormían, con las alas dobladas.

Fin de la función.

Buenas noches.