Las excusas de Colitas

La luz del cuarto llevaba apagada exactamente diez segundos cuando, en la oscuridad, se oyó una vocecita:
—Cleo… tengo sed.
Cleo bajó la escalera, le dio a Colitas un vasito de agua —glu, glu, glu—, subió y apagó la luz.
—Buenas noches, Colitas.
—Cleo… ahora tengo pipí.
Colitas fue al baño. Volvió. Se tapó. Luz apagada.
—Buenas noches, Colitas.
—Cleo… Tentáculos no tiene su beso.
Cleo le dio un beso a Tentáculos. Uno en cada tentáculo. Que son ocho.
—Buenas noches, Colitas.
—Cleo… hay un mostro.
—¿Dónde?
—No sé. Por si acaso.
—Buenas noches, Colitas.
—Cleo… se me olvidó decirte una cosa.
—¿Qué cosa?
Silencio.
—Ya no me acuerdo.
Desde su cama, Teté encendió la linterna y abrió el cuaderno.
—Llevamos cinco excusas —anunció—. Sed, pipí, beso, monstruo y olvido. Estoy haciendo una gráfica.
—Esto es peor que un ensayo general —suspiró Maripí, con el antifaz puesto.
Cleo se sentó en la escalera. Estaba tan cansada que le pesaban hasta las pestañas.
—Colitas… ¿qué pasa de verdad?
Colitas se asomó por encima de la sábana. Solo se le veían los ojos.
—Es que cuando apagas la luz se acaba el día. Y yo todavía quiero un poquito más.
Cleo la entendió. A ella también le pasaba.
—¡Claro, eso es! ¡Rápido, Mochipanda! —Y sacó una campanita—. Desde hoy, cada noche, cada uno tiene un último pedido. Solo uno. Lo pides, suena la campanita… y ya no hay más.
—¿Uno? ¿Nada más uno?
—Uno. Así que piénsalo bien.
Colitas pensó. Pensó mucho. Agua no, que ya había tomado. Pipí no, que ya había ido. Monstruo no, que no había.
—Ya sé. Mi último pedido es… que te quedes conmigo hasta que me duerma.
Cleo sonrió. Hizo sonar la campanita: tilín.
Y se acostó junto a Colitas, con Tentáculos en medio.
Colitas cerró los ojos. Respiró hondo. Y todavía alcanzó a decir, muy despacito:
—Cleo…
—¿Sí?
—…menas… noches…
Y se durmió.
Cleo se quedó un ratito más, escuchándola respirar. Y entonces, desde la otra punta del cuarto, se oyó otra vocecita:
—Cleo… tengo sed.
Era Pelusín.
Cleo sonrió sin abrir los ojos.
—Mañana, Pelusín. Mañana te toca tu campanita.
Y por fin, en todo el cuarto, no se oyó nada más.
Buenas noches.
