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Enseñar a identificar las emociones: ¿cómo ayudo a mi hijo a ponerle nombre a lo que siente?

Psicología y desarrollo infantilLectura: 4 minutosEdad: 2-6 años

Aprender a reconocer las emociones es el primer paso para comprenderlas y expresarlas. Descubre cómo ayudar a tu hijo con situaciones cotidianas y las aventuras de Cleo y Cuquín.

Ilustración del artículo: Enseñar a identificar las emociones: ¿cómo ayudo a mi hijo a ponerle nombre a lo que siente?

¿Por qué a mi hijo le cuesta explicar qué le pasa?

Un niño puede llorar, gritar, esconderse o quedarse en silencio sin saber explicar qué le ocurre. A veces vemos su comportamiento, pero no conocemos la emoción que hay detrás. Incluso puede sentir varias cosas a la vez.

Entre los 2 y los 6 años, los niños están aprendiendo a reconocer lo que les pasa y a explicarlo. No siempre saben distinguir si están enojados, decepcionados, nerviosos o tristes.

Por eso, cuando intentamos ayudarlos, no necesitamos empezar preguntando “¿qué te pasa?”. Podemos probar con algo más sencillo: “¿Te dio rabia que no saliera como querías?”.

No se trata de adivinar lo que sienten, sino de ofrecerles palabras para que puedan reconocerlo poco a poco.

La investigación de Denham y sus colaboradores encontró que los niños que comprendían mejor las emociones también mostraban mejores habilidades para relacionarse con otros. Aprender a reconocer lo que sentimos puede ayudarnos a entender también lo que les ocurre a las personas que nos rodean.

¿Sirve de algo ponerle nombre a lo que siente mi hijo?

Imagina que tu hijo está jugando y una torre se cae justo cuando estaba a punto de terminarla.

Puede que grite, tire las piezas o se vaya enojado. En ese momento, quizá todavía no pueda explicar qué le molestó.

Puedes acercarte y decirle: “¡Ay, no! Se cayó justo cuando la estabas terminando. ¿Te dio rabia?”.

A veces, encontrar una palabra para lo que nos pasa nos ayuda a entenderlo mejor.

En una investigación de Lieberman y sus colaboradores, adultos que ponían nombre a emociones mientras observaban imágenes mostraban una menor respuesta de algunas áreas cerebrales relacionadas con las emociones. Este trabajo nos ayuda a comprender por qué hablar de lo que sentimos puede ser útil, aunque no significa que nombrar una emoción vaya a calmar automáticamente a un niño.

Lo importante es acompañarlo sin imponer nuestra interpretación.

Si dices “estás triste” y te responde “¡no, estoy enojado!”, puedes aprovechar para preguntarle qué pasó. La conversación importa más que acertar a la primera.

¿Cómo aprende un niño a distinguir sus emociones?

Aprendemos a reconocer las emociones observando situaciones, escuchando cómo las describen otras personas y relacionándolas con nuestras propias experiencias.

No basta con mostrarles una cara triste o una cara alegre. También necesitan descubrir qué ocurrió, qué esperaban y cómo se sienten después.

Por ejemplo, una misma situación puede provocar emociones diferentes. Que un amigo se vaya puede hacer que un niño se sienta triste, mientras que otro puede estar enojado porque quería seguir jugando.

Además, las emociones pueden cambiar. Podemos empezar sintiendo rabia y terminar sintiendo tristeza, o estar contentos y nerviosos al mismo tiempo.

Un estudio de Grosse y sus colaboradores observó cómo el vocabulario emocional de los niños se amplía entre los 4 y los 11 años. Poco a poco, van incorporando palabras que les permiten describir mejor lo que sienten.

Podemos aprovechar cuentos, juegos y episodios de Cleo y Cuquín para preguntar cómo se sienten los personajes y qué ocurrió antes. Así, los niños descubren que una emoción tiene relación con una experiencia, aunque no siempre podamos deducirla solo por la expresión de una cara.

¿Cómo podemos aprender a reconocer las emociones con Cleo y Cuquín?

Una buena oportunidad para empezar es ver juntos “La canción de las emociones” de Cleo y Cuquín.

En este episodio, Cuquín quiere jugar con un robot que se va rompiendo y aparecen distintas emociones. Podemos usar lo que ocurre para conversar con nuestro hijo, sin necesidad de que conozca todas las palabras ni de que responda correctamente.

No hace falta hacerlo todo en una misma ocasión. A veces, una pregunta y unos minutos de conversación son suficientes.

Para jugar

A reconocer alegría, tristeza, enojo y miedo, a ponerles nombre, a calmarse respirando y a buscar una solución.

¿Cómo se Siente? con Cleo

Para imprimir

Detectives de emociones: esta tarde, busca un momento para ver “La canción de las emociones” con tu hijo.

Elijan una emoción que aparezca en la historia y busquen juntos una situación en la que se hayan sentido de manera parecida.

No importa si no encuentran la palabra exacta. El reto es observar, preguntar y descubrir juntos cómo podemos explicar lo que sentimos.

Descarga el reto “Detectives de emociones” y conviertan su próxima aventura en una oportunidad para hablar de emociones.

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Preguntas frecuentes

¿A qué edad empiezan los niños a reconocer las emociones?

Desde muy pequeños reaccionan a la cara y la voz de las personas que los cuidan. Hacia los 2 o 3 años empiezan a usar palabras como “contento”, “triste”, “enojado” o “asustado”, y entre los 4 y los 6 años van comprendiendo qué situaciones provocan cada emoción. Reconocer emociones más complejas, como la decepción, o entender que se pueden sentir dos cosas a la vez sigue desarrollándose durante toda la infancia.

¿Qué hago si mi hijo todavía no sabe decir qué siente?

No pasa nada. Puede señalar una imagen, elegir entre dos palabras o simplemente escuchar.

Si confunde tristeza y enojo, evita corregirlo de inmediato. Pregúntale qué pasó y qué le gustaría hacer. Con el tiempo, tendrá más oportunidades para reconocer las diferencias.

¿Hay que hablar de emociones todos los días?

No es necesario organizar una actividad diaria. Aprovecha los momentos espontáneos: un juego que sale mal, una despedida, una sorpresa o una historia que les guste.

¿Cómo pueden ayudar Cleo y Cuquín a aprender las emociones?

Sus canciones y aventuras pueden ofrecer situaciones para observar, conversar y reconocer emociones. Lo importante es acompañar lo que vemos con preguntas y experiencias de la vida cotidiana.

Referencias

  1. Denham, S. A., et al. (2003). Preschool emotional competence: Pathway to social competence? Child Development, 74(1), 238-256. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00533
  2. Lieberman, M. D., et al. (2007). Putting feelings into words: Affect labeling disrupts amygdala activity in response to affective stimuli. Psychological Science, 18(5), 421-428. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2007.01916.x
  3. Grosse, G., et al. (2021). Let's talk about emotions: The development of children's emotion vocabulary from 4 to 11 years of age. Affective Science, 2(2), 150-162. https://doi.org/10.1007/s42761-021-00040-2

Firma de la especialista: Valle Molinero, Psicóloga, registro M-33177, Co&Co Training

Fecha de revisión: 29 de octubre de 2026

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